El precio (1ª parte) : El valor intangible

Todo tiene un precio. Y cuando me pregunté cuál debía ser el de las coronas de cumpleaños, supe que no hablábamos solo de cifras.

Hay precios que no se escriben: el del cuidado, el de la atención sostenida. Esos rara vez se discuten, porque se perciben con claridad en el resultado.

Pero si hay uno que pesa de verdad, es el tiempo. Cada corona requiere una dedicación completa. Desde que empiezo hasta que termino, todo lo demás queda fuera. Hacer una pieza a mano exige presencia y continuidad, de principio a fin.

También está el material. Al inicio salía del cajón de las manualidades.
Cuando los encargos empezaron a ser distintos (por edades, colores e historias) fue necesario replantearlo. Hoy, La Casita dispone del material adecuado para que cada corona responda a una idea concreta y no solo a la disponibilidad.

Y por último, la destreza. No es innata. Se construye con práctica, disciplina, paciencia y tiempo.
Es distinto hacer dos o tres coronas al año que asumir un ritmo sostenido semana tras semana. Cuando el ritmo cambia, la mano cambia también. 








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